Artículos escritos por Jorge Luis Acha

NOTA en “El Amigo Americano” diciembre 1980

“Sólo los ángeles tienen alas”

WHO IS WEIR?

por Jorge Luis Acha

Conocer la obra de un excelente autor cinema- tográfico en el corto período de algunos meses, es un trabajo gratificante y de agradecer.
Sorprendentemente, mezclado en un paquete rotulado como NUEVO pero que al rendir cuentas no es más que la necesidad comercial de los negociantes de films, aparece un sólido director con tres trabajos originales, de estilo definido y gran valor estético.
Un auténtico AUTOR que llegó a comunicar adultos y profundos conflictos con la claridad de los que SABEN.

I

“THE CARS THAT ATE PARÍS”

Es necesario desviarse algunos metros de la carretera principal para descubrir Paris, un olvidado pueblito australiano que sigue su propio destino en el tiempo. Lo que podría ser un pintoresco lugar para profanar turísticamente un fin de semana y reafirmar así la seguridad que todo hombre necesita de su propia cultura, Peter Weir descubre que París tiene algo particular. Tiene algo DIFERENTE y ESPECIAL.

Cuando Maeterlinck(“La inteligencia de las Flores”) plantea que el objetivo principal de todo vegetal es abarcar la mayor superficie terrestre posible, por lo que intentará mil y una formas de adaptación, para VIVIR MAS y MEJOR, pareciera estar prologando el film.

Los habitantes de París han creado un sistema de vida propio; un sistema que difiere del de la ciudad más cercana. Esas personas que parecen antiguos inmigrantes del Oeste americano, del Río de la Plata o del mismo territorio australiano, están endurecidos por el trabajo y por la lucha de encontrar su lugar.

Los habitantes de París, particularmente, se dedican a CAZAR automóviles. Con un ingenioso sistema de trampas: espejos estratégicamente colocados en la carretera desvían la dirección de los vehículos provocándoles un grave accidente.

Entonces, los habitantes de París actúan; como hienas hambrientas se reparten el botín. Algunos cargan con las puertas de los coches, otros con los asientos, el motor, las ruedas y los adornos; pero se reparten también los heridos y los muertos.

Esa ESPECIAL sociedad VIVE de esa manera; y seguirá desarrollando SU FORMA porque necesitará EXPANDIRSE. (Las sámaras son el ejemplo de como una semilla, por necesidad, aprendió a volar) París tiene SU LEY, SU MORAL, SUS COSTUMBRES: SON CAZADORES como tantos otros pueblos.

El mundo descripto por Weir pide la permanente reflexion del espectador.

Como no es fácil para ningún proceso llegar a la meta, en París hay también grupos más pequeños EXPERIMENTANDO: Los jóvenes, Rebeldes que el mismo sistema formó y que rugen por las calles sobre automóviles modificados como feroces monstruos destructores, lanzados sobre su propio pueblo, intentarán ocupar LA MAYOR SUPERFICIE POSIBLE.

Maeterlinck (Las hormigas”) cuenta también cómo por el placer de libar una sustancia dulce segregada por los pulgones, sus estudiados insectos alimentan con sus propias larvas a los preciados elaboradores de azúcares. La “crueldad” que encontramos en la naturaleza no es mas que una parcial apreciación humana. Si París VENCE, París será LEY, MORAL, y ETICA, NATURALMENTE.

II

EL SACRIFICIO DE SAN VALENTÍN

Cuando llega la hora del amor, se acaba la razón y si es a la hora de la siesta, en Hanging Rock se verá un film absolutamente ERÓTICO, dirigido casi exclusivamente a los sentidos; porque intenta describir lo imposible de comprender si no es con LA PIEL.

Todo lo oculto y oscuro que el SEXO presenta, seduce a Peter Weir y lo lleva (dulcemente engañado) a intentar PENETRAR ese GRAN MISTERIO NATURAL, sabiendo, de antemano, que será difícil; pero que en el intento sentirá todo el PLACER DEL MUNDO: hará una película provocativa y hermosa. Creerá haber vencido a la muerte (el sexo es lo más eficaz). Pero terminará la proyección y solamente habrá podido pasarnos algunas claves (como secretos de infancia). ENGAÑOS, al fin, que nada podrán hacer con nosotros cuando otra vez, a la hora de la siesta, experimentemos el llamado de la selva y corramos a encontrarnos con el ÉXTASIS MISTERIOSO DEL AMOR.

Con la suavidad de un enamorado sereno, la cámara (más amante que máquina) acariciará a un grupo de adolescentes pertenecientes a un INTERNADO de Señoritas de “estricta moral” en su paseo, el día de San Valentín (día de los enamorados).

Bajo un sol CALIENTE, poco a poco, irreversiblemente, ocurrirán hechos. EL DESEO de recorrer el paisaje de sólidas rocas llevará a alguna de ellas (junto a una prejuiciosa, pero aún encendida celadora) a ENTRAR en el mundo del que no saldrán pero en el que se supone ESTÁN. Las hermosas mujercitas vestidas de inmaculado color BLANCO, DESAPARECERÁN. (El blanco es el más terrorífico de los colores: da idea de muerte, según Melville; no está mal, entonces asociarlo con lo VIRGINAL).

Solamente una joven volverá de las Rocas (esperanzado dato del que intentaremos asirnos para poder llegar del otro lado del paisaje) Está vestida de ROJO y deberá abondonar el internado: YA ES MUJER.

“A la hora en que yacen entornadas las ventanas de los chalets”.

“A la hora blanca a la hora dorada a la dulce hora en que parten los veleros hacia las islas” “las adolescentes salen del agua clara” “las adolescentes se estiran sobre la arena” “las adolescentes maduran sus senos” Tuñón.

III

LOS MARES IMPASIBLES

Tlaloc, dios de la lluvia en la mitología azteca, aparece en las paredes de la gran caverna que al final de la historia, el abogado (Richard Chamberlain) descubrirá debajo de la gran ciudad. Una gruta inmensa, a la que se entra por laberinto de cloacas y túneles, es el altar que permaneció vigente durante siglos mientras en la superficie se imponía una NUEVA CULTURA.

Ser elegido para participar en el encuentro entre dos MUNDOS, uno floreciente y pujante, otro sumergido en el silencio y la oscuridad, es el difícil TRABAJO asignado desde profundos MISTERIOS al hombre, que tendrá que dejar de serlo para actuar como Sacerdote-Mensajero de los SUPERIORES que decidieron un nuevo FINAL.

Todo está en permanente cambio. VIDA-MUERTE-VIDA, y las Culturas no se apartan del juego desconcertante.

Asaltado por imágenes premonitorias, el abogado recibe los escatimados datos del DESASTRE mientras descubre su conexión con un pasado que creía definitivamente sepultado. ¿ÉL ES AUSTRALIA?

Como en “Los Pájaros”, la naturaleza se presenta amenazante y extraña. Todo aquello que normalmente formaba parte de LO NATURAL se vuelve en contra, se vuelve ENEMIGO. La tormenta inicial con truenos en un desierto soleado dará el carácter de Fantástica a la historia, pero no aparecerá nada extraordinario que infunda terror.

Será el AGUA, el vital elemento, el que provocará PÁNICO; el que llevará todo al FIN.

La constante, en la obra de Weir, es mostrar al hombre como una pequeña criatura PARTE de un infinito y complejo ESTADIO (que los aztecas llaman Lo Innombrable) En “El Rugir de los Caníbales” analiza su organización grupal; En “Pic-nic At hanging Rock” la descripción es individual y hacia adentro. Y en “The last wave” es su relación con el cosmos.

Los trabajos están embebidos de una religiosidad desconocida, en formación, en búsqueda. LA NATURALEZA es el elemento desencadenante de las situaciones pero se intuye algo más. DESCONOCER pareciera ser el estímulo mas interesante de este creador. Y lo es, por ende, para sus espectadores.

Si bien los temas tratados por Peter Weir tienen un atractivo particular. Los miedos surgen en el replanteo de lo simple.

Solamente con un impecable lenguaje cinematográfico se transmiten en toda su fuerza. Las imágenes de los tres films son justas, medidas e inobjetables; Narrando, por momentos, intrincados laberintos de ideas, el autor maneja a la perfección la forma y llega a expresar claramente hasta sus más oscuras dudas.

Excelentes trabajos que muchos confunden con un CINE AUSTRALIANO descubierto como un nuevo continente. Es tan sólo EL BUEN CINE realizado, en este caso en Australia y por un australiano.

«Picnic en las Rocas Colgantes» (Picnic at Hanging Rock, Australia, 1977). Dirección: Peter Weir. Guión: Cliff Green, basado en la novela de Joan Lindsay. Fotografía: Russell Boyd. Música: Gheorge Zamfir ejecutando la flauta de Pan. Intérpretes: Rachel Roberts, Dominic Guard, Helen Morse, Viven Gray, Margaret Nelson, Anne Lambert. Distribuye: Norma-Vigo. Cine: Libertador, Estreno 10-7-80.

«La última ola» (The Last Wave Australia, 1977). Dirección: Peter Weir. Guión: Petra Popescu y Peter Weir, sobre una historia de este último. Fotografía: Russel Boyd. Música: Charles Wain. Montaje: Max Lemmon. Escenografía: Neil Angwin. Efectos especiales: Monty Fleiguth y Bob Hilditch. Intérpretes: Richard Chamberlain (David Burton), Olivia Hamnett (Annie Burton), David Guipilil (Chris Lee), Frederick Parslow (padre David), Peter Carroll (Michael Zeadler), Nankjiwarra Amagulla (Charlie), Vivean Gray, Wallas Eaton, Hedley Callen. Duración: 105 minutos. Estreno: 30-4-80. Cines: Metropolitan 1, Gran Splendid, Ideal. Premiada es los festivales de Avoriaz, París y Teherán durante 1978.

EL GRADO CERO DE LA ESCATOLOGÍA

Por Jorge Acha

Descienden a los infiernos recorriendo un aterrador paisaje ESCATOLOGICO; bordeando la locura, sumergidos en el delirio. anunciando a los cuatro vientos que estamos en la alborada de la NOCHE ETERNA: que solo nos queda EL APOCALIPSIS; como solución final. Armando Bo e Isabel Sarli siguen sin descanso el viaje hacia el PUNTO NEGRO del espacio, hacia el OMEYOCAN, el doble cielo mas alto, desde donde intentarán como Ometecuhtli y Omecihuatl volver a fundar el mundo ¡porque éste, el del quinto sol ya ESTA PERDIDO!

Nada más sabio que hacer una comedia para anunciar semejante TRAGEDIA. Una viuda descocada (desesperanzado título que indica: hembra sin posibilidad de procrear con alteraciones mentales) es el testimonio cultural que deberá buscar el antropólogo del año 3.000 cuando quiera tener la vasta visión de nuestro mundo y en especial, de esta cultura aborigen fundada alrededor de una fálico obelisco erguido solitario, esperando al OPUESTO inútilmente entre lamentos (bien pueden ser Tangos) por una castidad impuesta a la fuerza.

Como Catalina de Medici en la noche de San Bartolomé, Flor Tetis (Gran Madre enlutada) recorre las tumbas de sus numerosos maridos anteriores: Un ramo de rosas sobre el pecho anuncia la posibilidad del HOLOCAUSTO: Espinas que pinchan – Senos que pueden reventar. Una canción habla de muerte: “. .. quiero morir apretado entre sus brazos”. Las primeras imágenes del film, concebido UROBORlCAMENTE, emergen al espectador en un encandilamiento alucinante del que saldrá como un ZOMBIE MAL DEL HÍGADO, ya que todas las secuencias son presentadas sin resolución, para darle la posibilidad de acabar mentalmente lo que es interrumpido por brusco corte de montaje. Interesante gambeteada a la censura pero peligrosa propuesta para los desprevenidos.

Enriqueciendo aun más su estilo KITSCH – NAIVE – CIRCO CRIOLLO – POP AMEXICANADO y un poquito PUNK,con estampas que tienen la dura frescura de las pinturas de Karl Kazimierzack, todo está cuidadosamente librado al azar; actores, cámaras, perros, objetos, decorados, aparecen y desaparecen reforzando lo MÁGICO en este impecable REALISMO PAMPEANO por el que Fassbinder daría todo.

¿A quién se le puede ocurrir estar con sombrilla a la sombra y cerrarla cuando se expone al sol?

Isabel Sarli, cada vez mas parecida físicamente al “Lunar Firebird” de Friedrich Schröder Sonnenstern pintado en 1956, nos entrega un “capo laburo” que recordaremos siempre. Su imagen nos demuestra que está lejos de ocultarse detrás de un par de corpinos ahumados y retirarse al anonimato.

Si sus palabras suenan a música (bien puede ser Penderecki) cuando dice: “la morcilla es la viuda del chorizo”, es magistral verla moverse cuando por exigencias del papel, debe seducir. Solamente la Lycosa de Narbona, al tejer su tela realiza movimientos ISÓCRONOS parecidos a los de la diva.

Aplausos especiales para el actor José Marrone personificando al vendedor de diarios, bombero voluntario. Su composición TRAVESTI – COCINERA es lo más erótico presentado en pantallas argentinas y la escena jugada en el baño cuando es descubierta su verdadera identidad, lo más dramático que actor haya interpretado. De no creer, cuando cuenta el chiste de los porotos; y de locos, la noche de bodas, cuando al hombre se le estimulan los intestinos.

Los demás actores están a la altura de la cámara filmadora. Barreiro, endiablado; Jamandreu, delicado y fino como sus diseños que envuelven las formas de la cola de la Coca; El mucamo, más suelto y liberado que antes; el chofer, una revelación y Pepita Muñoz, pintarrajeada como una gallina de Nueva Guinea por mandato de su personaje, lo mejor en “madres de viuda” visto últimamente. También es destacable el trabajo de los perros; el blanquito con manchas negras recuerda a Rin-tin-tin.

Como es prácticamente imposible contar la historia del film (para su realizador también lo es) ya que presenta varias lecturas paralelas, oblicuas convergentes y perpendiculares, solamente diremos que estamos ante algo MAGNUM.

Una viuda descocada indica la mas pura y única VANGUARDIA argentina. Bo-Sarli, como fenómenos de parque de diversiones, se ven sus espaldas sin espejo. ESTÁN POR DELANTE DE SI MISMOS, (la Minujín jamás podría imaginar un solo fotograma de esta obra ni el crítico Jorge Glusberg supera con su discurso “Myths and Magic on Fire, Gold and Art”, el más simple de los diálogos).

EL DUETO KINESICO del EROTISMO marca, desde hace ya muchos film el camino que lamentablemente NADIE sigue «Las miguitas que dejan a su paso son devoradas por pajarracos hambrientos que croando; envidian el TALENTO INNATO y NONATO de los ELEGIDOS.

«Una viuda descocada» (idem, Argentina). Dirección, libro y encuadre: Armando Bo. Fotografía: Pedro Mar-zialetti. Música: Eligió Ayala Morín; incluye Ips canciones «Una viuda descocada» de y por Julio Presas, y «Ya no me importa» de Luis Alberto del Paraná, por él mismo y el Trío Los Paraguayos. Vestuario: Paco Ja mandreu. Intérpretes: Isabel Sarli, José Marrone, Vicente Rubino, Semillita, Lechuguita, Adelco Lanza, Jorge Barreiro, Paco Ja mandreu, Pepita Muñoz, Elena Lucena y los perros Apolo Sarli (dálmata), Sultán Sarli (policía) y Charo Muñoz (pequinés). El film está dedicado a «Orlandi Víloni, técnico y amigo incomparable». Distribuye: Transmundo Films S.A. Cines: Metropolitan 1 y Trocadero. Estreno: 29-8-80.

ARTICULO en revista Biógrafo (DIC. 1979)

EL CIELO Y EL INFIERNO

En el mes de octubre, dos estrenos argentinos marcaron las últimas tendencias en el cine nacional: El Fausto Criollo y El último amor en Tierra del Fuego.
Para la primera habría que repetir el refrán: “El Diablo es buen amigo sabiéndolo llevar”, porque cuando se lo invoca para hacer el film, mete la cola y lo convierte en el compendio de desaciertos más destacado de los últimos años.
Mefistófeles se interpone entre los dos directores (Luis Saslavsky y Miguel Ángel Lumualdo) y con infernales contraórdenes desbarajusta todo, transita por estilos inimaginables y se instala en el que le es más afín: CATÁSTROFE.
Lucifer hace estragos con la fotografía: abre y cierra diafragmas desajustadamente. Pone fuera de foco las imágenes, maltrata el color y hace desaparecer la continuidad en medio de las escenas. Cuando entra en la sala de sonido, se pone auriculares y aprieta botones para empastar y mezclar Gounod con teros, Aguirre con relinchos, gritos, serenatas, malas palabras y Proncet.
En la sala de montaje toma las tijeras (primera vez que el demonio toma las tijeras en cine) corta y empalma a destiempo para desincronizar imagen y sonido.
Cuando se posesiona de los actores logra el sumun de su maldad y los convierte en desprotegidas máscaras respetando, obviamente, a las prostitutas. Se ensaña con Claudio García Satur y no le permite tocar la guitarra, ni cantar, ni recitar, ni hablar.
A la ambientación le quita pátina y saca brillo a trajes, monturas, facones, botas, espuelas, aperos y caballos; retira de los ranchos a sus aliadas, las vinchucas y deja tan solo la pureza. Se nota su mala intención en la escena del final con angelitos.
El Diablo “que sabe por Diablo pero más sabe por viejo” encontró en este film la posibilidad de tomar revancha y estar en las pantallas a pesar de la prohibición que rige hacia él. A modo de exorcismo fue necesario recordar Nazareno Cruz y el Lobo de Leonardo Favio.
En cambio, ver El último amor en Tierra del Fuego fue exponerse a ser desbordado por lo inconmensurable. El Cine, en este caso, se trasciende a sí mismo y como, a la manera del Juego de Pelota de los precolombinos, un momento aparentemente pasatista se conecta con lo mágico y aparece, de golpe, lo extraordinario.
Pieza clave en la “Estética del Instinto”, la película de Armando Bo, interpretada por Isabel Sarli es misteriosamente TOTAL. Obra maestra desde el fin al principio, llega a lo artístico por el OTRO camino.
Talentosamente, el autor, como Weiestrass en el teorema de Máximo y mínimo, demuestra lo que quiere por el ABSURDO; se dirige al SUR y arriba al NORTE. Hace un film subliminal que se estructura en el inconsciente del espectador (éste participa activamente desde la platea) y ante el fantasma de la censura firma su obra más erótica.
ALEGORÍA: Un niño enfermizamente ligado a su madre muerta se opone convertido en empedernido Censor a la sana y natural relación amorosa de su padre con una mujer.
SÍMBOLO: Los Elementos Fuego-Agua presentes en todo el film. El niño ligado al fuego y la mujer al agua. Los Opuestos en lucha permanente (las antorchas en la noche helada; el incendio del automóvil en la nieve; baños de agua caliente y agua fría bajo el sol abrasador del trópico). Pero cuando se supone que no habrá reconciliación (alevosa quema de juguetes), una escena clave la anticipa: el descongelamiento del glaciar Perito Moreno; y se concreta con la transfusión de sangre de Mujer-Agua-Pureza hacia Niño-Fuego-Censura, de gran contenido emocional.
La hermosa Isabel Sarli, enigmática como la Gioconda y sensual como la Venus de Willendorf, mantiene la frescura de sus primitivos trabajos anteriores (El trueno entre las hojas). Cauta, contenida, elabora un difícil personaje: Actriz-Escritora-Amante-Turista-Madrastra-Maestra.
Es antológica la escena donde la mujer compra su libertad de amar ante escribano público. De terrible belleza el baile del mucamo con el cocinero. Misteriosa la desaparición de los invitados a una cena. Insólita la actitud de un médico pidiéndole al niño, en pleno ataque convulsivo, que diga treinta y tres. Y curiosísima la no intercalación de la escena del avión de PANAM.
Siguen sí, apareciendo las sombrillas y los cigarrillos de colores (que justifican el tratamiento de la fotografía) y los Baños, esta vez son reemplazados —razones metereológicas— por algunos de films anteriores que participan como ‘raccontos’
en el momento que a punto de morir, la protagonista no recuerda su vida sino su filmografía.
El último amor en Tierra del Fuego es una Clase Magistral de Cine Silvestre y la aseveración de que BO-SARLI si hubieran sido científicos habrían descubierto la antimateria.
Jorge Acha